Espejos

La vida es como un espejo: te sonríe si la miras sonriendo

El espejo: esa superficie lisa y brillante que refleja lo que hay delante, a la cual no nos cansamos de mirar cuando nos complace lo que vemos, y de la que huimos cuando no es así. En en primer caso, no hay ningún pero. Todo liso y brillante, como el cristal. Ahora bien, en el segundo, la cosa se complica. O más bien somos nosotros los que la complicamos. Y es que el punto clave de todo esto consiste en el punto de vista con el que nos miramos: si es prejuicioso y de rechazo o por el contrario, de aceptación y gratitud (aceptación no significa que algo nos tiene que gustar, simplemente lo aceptamos tal y como es). Dependiendo de la mirada con la que nos queramos mirar, el resultado será uno u otro. Y este mismo ejemplo se puede aplicar a la vida: dependiendo de cómo decidamos verla (y recalco el ‘decidir’ porque de nosotros depende el cristal con el que miremos), nos parecerá algo maravilloso que vale la pena vivir, o por el contrario un caminar arrastrando los pies y de mala gana.

El punto principal de todo esto es que tú decides cómo quieres mirar tu vida (y recalco el ‘quieres’). Y antes de decidir nada, piénsatelo dos veces, porque es una decisión muy importante que marcará en mayor o menor grado no solo las cosas que tú decidas que te sucedan sino también, y más importante, el efecto que esas cosas/acontecimientos tengan en ti.

Al igual que el Támesis, que es el río de la foto, refleja el cielo y los árboles, la vida refleja y reproduce la actitud con la que nosotros la vemos y vivimos. Y el poder que nos otorga este pensamiento es digno de ser experimentado y llevado a la práctica cada día, un hábito tan básico como el de ponernos los zapatos para salir a la calle o abrigarnos si hace frío. Y si no, empieza a practicar poniéndote delante de un espejo con una mentalidad alegre y constructiva. Ya verás qué tan positivamente te va a sorprender lo que ves.

Añadido:

La cita está extraída de este fragmento.

Le preguntaron a Mahatma Gandhi, cuáles son los factores que destruyen al ser humano.

Él respondió así:

La Política sin principios,
el Placer sin compromiso,
la Riqueza sin trabajo,
la Sabiduría sin carácter,
los Negocios sin moral,
la Ciencia sin humanidad y
la Oracion sin caridad.

La vida me ha enseñado que la gente es amable, si yo soy amable;
que las personas están tristes, si yo estoy triste;
que todos me quieren, si yo los quiero;
que todos son malos, si yo los odio;
que hay caras sonrientes, si yo les sonrío;
que hay caras amargas, si yo estoy amargado;
que el mundo está feliz, si yo soy feliz;
que la gente es enojona, si yo soy enojón;
que las personas son agradecidas, si yo soy agradecido.

La vida es como un espejo:

Si sonrío, el espejo me devuelve la sonrisa.
O sea, que la actitud que tome frente a la vida,
es la misma que la vida,
tomará ante mí.

EL QUE QUIERA SER AMADO, QUE AME

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