¿Con qué frecuencia haces aquello que te gusta?

Cada día, en mi hora de descanso de trabajo voy a dar una vuelta por Regent’s Park, que es uno de los muchos parques de Londres, o como me gusta llamarlos, esos tesoros verdes que ofrecen un espacio de desconexión con el estrés diario que marca el ritmo en la ciudad de asfalto.

Para mi, esa hora en la que paseo por el parque, esa ruptura con la ciudad y la oficina, supone una conexión plena conmigo misma. Es una hora donde al caminar siento mi cuerpo moverse, donde yo decido el recorrido que haré, o si me paro un ratito al sol o continúo, donde decido escuchar música o si la banda sonora correrá a cargo del propio parque. Es una hora feliz, que me permite volver al trabajo relajada, más liviana, serena y con una sonrisa (quien haya estado en algún parque de Londres sabrá de lo que hablo).

Así que con toda esta buena onda, el otro día me puse a pensar en todas esas otras cosas que, al igual que caminar por el parque, me gustan y hacen bien. De la chistera salieron muchas cosas. Lo que me descolocó un poco fue la frecuencia tan pobre con la que practico algunas de ellas. Por ejemplo me gusta meditar porque me hace bien y sin embargo no medito a diario. Qué absurdo, ¿no? Podría decir que es por falta de tiempo pero sinceramente hace tiempo que he dejado de creer que esa es la razón. Todo en la vida son decisiones y si decido no hacer algo, no culpo a la falta de tiempo.

De la meditación pasé a otras cosas y me encontré con el mismo interrogante. ¿Por qué no practico más a menudo las cosas que me hacen feliz? ¿por qué si me hacen sentir tan bien no las priorizo en mi lista? ¿Por qué nos empeñamos en decir que no tenemos tiempo para hacer algo que nos gusta? Es una contradicción a la que estamos permitiendo ganarnos la batalla y ni siquiera nos esforzamos en cambiar ese pensamiento que luego llevará a la inevitable acción: no tener tiempo. Si yo pienso: ‘no tengo tiempo para hacer esto’ ya me estoy predisponiendo a que no lo haré, y como sé que no lo haré (porque ni siquiera lo intento), digo que no tengo tiempo.

Hagamos del ahora un instante feliz y vivamos ese instante saboreando el ahora.

Es importante darse cuenta de cómo llenamos nuestro tiempo y añadir a la rutina aquellas cosas que nos gustan e incrementan nuestra felicidad, y quitar todo aquello que estorbe y no deje hueco para lo demás. Y una vez que incorporamos esos momentos de alegría, tratemos de repetirlos lo más que podamos. No hay que esperar al fin de semana para hacer aquello que nos gusta.

Así que os invito a que empecéis a incorporar a vuestro día a día momentos felices. Puede ser escuchar una canción que os guste, escribir, llamar a un amigo, meditar, bailar un rato… Lo que sea. Y si veis que realmente no hay hueco porque la agenda está muy llena, es el momento perfecto para valorar aquellas cosas que no son tan importantes y así priorizar aquello que os guste y darle paso.

Hagamos del ahora un instante feliz y vivamos ese instante saboreando el ahora. Es lo único real y más preciado que tenemos en la vida.

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