El camino de tu deseo

Donde hay un deseo, hay un camino

Foto: Alberto Caspi

Si de mi dependiera elegir un tema y organizar una manifestación al respecto, no tendría ninguna duda sobre cuál sería: la defensa de los deseos personales y el derecho a expresarlos y llevarlos a la práctica.

Parece que esto de los deseos es cosa de películas, algo que pertenece a la ficción o a los cuentos. En el mejor de los casos muchas veces podemos hasta oír eso de ‘cuando te jubiles, ya tendrás tiempo de cumplir tus deseos/sueños’. Pero lo cierto es que la vida solo conoce un tiempo verbal: presente. Y lo demás, por mucho que nos acerremos al pasado o nos preocupemos por el futuro, no existe.

Los deseos son el motor de la vida y de nuestras experiencias. Son lo que hace que elijamos un camino a seguir, una profesión, un hobby o dedicación. Un estilo de vida, un cómo, un por qué. Una meta. Y si todo esto nos suena a chino, quizás nos tengamos que preguntar en qué momento nos hemos alejado de ese camino que nos conducía a nuestro sueño o deseo y por qué. No es una pregunta para tomársela a la ligera. Según la respuesta que obtengamos podemos llegar a muchas conclusiones y ver si somos felices con la vida que llevamos o no. Porque, vuelvo a insistir, la vida es ahora, y los deseos hacen que vivamos con alegría e ilusión.

Una ilusión que para mí es el resultado de mis deseos llevados a la práctica, sin caer en el engaño del ‘ya habrá tiempo’. Este blog era uno de ellos y os puedo decir que el camino que estoy descubriendo es apasionante: escribir lo que uno piensa y la felicidad que eso da, compartir frases célebres, conocer el trabajo de otros blogueros, acceder a contenido relacionado con el blog gracias a Webinars gratuitos, descubrir los programas de Pensamiento Positivo, y ver que hay mucha, pero que mucha gente que comparte mi forma de ver la vida, hace que el presente sea un camino lleno de aprendizaje y buena filosofía. Y eso me gusta.

Así que hablemos de nuestros deseos y empecemos a cumplirlos. Como cuando éramos niños, y todo nos parecía posible, y empezábamos a saltar de alegría ante las ganas que teníamos por comenzar algo que nos gustaba. Como el brillo en los ojos de la niña de la foto (a la que mi familia y yo conocimos en un viaje a Uganda), reflejando e irradiando ilusión por lo que elegimos ser y hacer con nuestras vidas.

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