No lo pospongas… ¡hazlo!

Posponer algo fácil lo convierte en difícil. Posponer algo difícil, lo convirte en imposible.

Foto: Alberto Caspi

Hace unas semanas publiqué una entrada en la que se hablaba de la poca frecuencia con la que hacemos cosas que nos gustan  y de la tendencia a dejar para más tarde (el fin de semana, el año que viene… cuando me jubile), todo aquello con lo que soñamos. En definitiva, nos pasamos el preciado y precioso tiempo que tenemos posponiendo. Pero la pregunta es ¿por qué lo hacemos?

Lo cierto es que caben muchas posibles respuestas: pereza, falta de motivación o de ilusión, que sea una obligación impuesta o la más común de todas, el miedo. Cuando estas ‘falsas razones’ son más poderosas que el objetivo a cumplir caemos en un estado de postergación que nos impide avanzar y en el peor de los casos hace que nunca cumplamos aquello que nos propusimos. Lo que está claro es que nadie puede conseguir la felicidad sin llevar a la práctica aquello que desea/anhela/quiere.

Realizar aquello que nos hemos propuesto tiene muchos beneficios para nosotros y nuestra persona. No ya sólo se consigue alcanzar el propósito (encontrar un nuevo trabajo, limpiar la casa, lavar el coche, mudarnos a otro país, etc), sino que esta acción repercute muy positivamente en la imagen que tenemos de nosotros mismos o lo que es lo mismo, nuestra autoestima.

Sin embargo el seguir posponiendo algo no solo tiene un efecto negativo en nuestra autoestima (‘no valgo para esto’, ‘no seré capaz’, ‘los otros tenían razón, soy un perdedor’, ‘tengo la culpa’), sino que es un foco de ansiedad y estrés, lo que a su vez acaba derivando en más infelicidad. Es como una bola de nieve que va creciendo y tomando velocidad: al final es imposible frenarla.

Si eres de aquellos que logran no posponer las cosas, ¡enhorabuena, sigue así! Pero si por el contrario te identificas un poco con los que sí posponen, ¡alégrate!. Sí, has leído bien: ¡alégrate! Aunque todo suene muy pesimista y negativo, el primer paso para cambiar algo es reconocer el problema o aquello que no funciona. Una vez tomes conciencia de ello es cuando puedes ponerte manos a la obra haciendo una lista en una papel con todas aquellas cosas que pospones, así como identificar los motivos que te frenan (sé honesto contigo mismo) y pon una fecha límite para su cumplimiento. Todo esto siendo consciente y coherente, viendo el proceso como lo que es, un camino que lleva a la consecución de algo. Y una vez que lo logres, felicítate y celebra tu triunfo con algo, date un premio. Así la próxima vez que pospongas algo te será más difícil poner objeciones para no hacer esto o aquello. Verás lo feliz que te hace.

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