El ‘behind the scenes’ de una persona positiva. Positivismo didáctico

Me voy a sincerar: hacía tiempo que quería escribir esta entrada. Quería ‘hablar’ acerca de un tema que a veces da lugar a malentendidos, juicios de valor u opiniones que pese a tener una buena intención, se ofrecen sin conocer toda la información, como a ciegas. Me refiero a una elección de vida y a su vez la columna vertebral de este blog: el positivismo didáctico.

El adjetivo didáctico es un término que me vino a la cabeza el otro día cuando pensaba sobre cuál sería la mejor forma de hacer entender mi idea de una persona positiva desde un punto de vista práctico y saludable. Y el término didáctico, por eso de ser algo adecuado para enseñar o instruir, me pareció que se ajustaba como anillo al dedo a la conclusión que quería explicar.

Hablar de nuestros problemas es nuestra gran adicción. Rompe el hábito. Habla de tus alegrías. Rita Schiano

Pues bien, allá voy: por un lado está la postura optimista del tipo ‘la vida es de color de rosa’ donde todo se ve bien y da igual lo que pase porque seguro que si pasa es por algo, y como la vida son dos días pues lo mejor es sonreír y tirar para adelante. Creo que no hace falta explicar que esta postura, además de caerse por su propio peso y por el poco realismo que implica, no solo es engañosa sino muy contraproducente para la persona. Este enfoque carece de toda reflexión o lectura acerca de la situación y por tanto lo más grave es que no hay ningún aprendizaje.

Pero por otro lado está el positivismo didáctico (PD) que es aquel que teniendo los pies en la tierra, nos ayuda a analizar una situación o problema concretos y en el cual tras sopesar lo ‘bueno’ y lo ‘malo’, llegamos a la conclusión de que centrándonos en lo positivo nos irá mejor y saldremos mejor beneficiados. Pero en contra de lo que en un principio pueda parecer, el llevar a cabo ese proceso es algo duro, difícil y muchas veces hasta doloroso.

El PD implica poner las cartas sobre la mesa sin tapujos, sin excusas. Significa hacer un ejercicio de honestidad con uno mismo, un trabajo de autoconocimiento donde lo difícil no es darme cuenta de mis valores y capacidades sino ver y aceptar mis limitaciones, mis prejuicios, todo eso que no me gusta de mi, lo que me avergüenza y me duele, lo que me niego a/de mi mismo. Requiere, y permitidme lo escatológico del ejemplo, remangarse y meter los brazos en nuestra propia mierda, de lleno, sin nada con que protegernos y manteniendo los ojos bien abiertos para ver todo lo que va a aparecer. Implica además analizar los ‘por qué a mi’, y las piedras en el zapato y quitarse la máscara sabiendo que eso me va a hacer más vulnerable. Y eso, requiere valor, mucho valor.

Algunas personas lanzarán piedras en tu camino pero dependerá de ti lo que hagas con ellas: un muro o un puente. Tú decides. Recuerda que solo tú ere el arquitecto de tu propia vida.

Pero precisamente por lo doloroso y complicado de este proceso de honestidad y desnudez con uno mismo es por lo que es positivo, porque obtenemos un aprendizaje. Y este aprendizaje es el verdadero quid de la cuestión ya que es de donde obtenemos la fortaleza para seguir avanzando y ver el lado bueno de las cosas. Es lo que nos permite caminar y explorar nuevas metas y alternativas en nuestro mundo personal, social y profesional.

La vida lanza piedras en forma de problemas, injusticias, situaciones imprevistas, accidentes… y eso es algo innegable. Pero lo realmente importante, lo que va a marcar la diferencia es lo que decido hacer con esas piedras; puedo levantar un muro o puedo construir un puente que me facilite el paso hacia la felicidad. Puedo ser cínico y decir que todo está bien, o puedo quejarme de lo injusto que es todo, levantar un muro y cruzarme de brazos. Pero también puedo coger cada piedra y valorar su tamaño, su peso, quitarle el musgo o barro que la cubre, lijarla, moldearla, limpiarla y construir un camino por el que avanzar. Porque para eso sirve el positivismo práctico y didáctico, para ayudarme a conocerme mejor, aceptando lo bueno y lo malo, y desde ahí tomar la decisión que me dé mayor felicidad. Y me aporta felicidad porque soy capaz de apreciar el aprendizaje y de ver que el cómo reacciono a lo que me sucede es a su vez lo que me modela como mejor persona. A partir de ahí los fracasos no se ven como tales y las crisis y los problemas se contemplan como posibilidades para crecer.

Esta es la postura en la que creo y por tanto aplico en mi vida porque me permite obtener mejores resultados que los que tendría quejándome o viendo todo bien sin mover un dedo, sin cambiar nada. Además tengo la gran suerte de estar rodeada por muchas personas que creen y practican este optimismo responsable y didáctico. Personas que saben que el proceso de pulir las piedras es largo y sucio, lleno de dudas y sacrificios, pero cuyo resultado es un camino transitable el cual les permite dar sus mejores pasos. Y lo mejor de todo es que el tesón de esas personas es un ejemplo a seguir sobre todo cuando a uno a veces le fallan las fuerzas.

He sido un hombre afortunado en la vida: nada me fue fácil. Sigmund Freud

Así que por favor, te invito a que la próxima vez que alguien te plantee un punto de vista optimista, trates de no caer en el tan manido claro, como tú lo ves siempre todo tan fácil… y en su lugar intentes intuir todo el proceso que esa persona ha tenido que hacer hasta llegar a esas palabras, hasta llegar a ese aprendizaje. Puede que su esfuerzo haya sido directamente proporcional al grado de positividad con el que ahora te habla.

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