Explora tu libertad

El que no se mueve no escucha el ruido de sus cadenas. Rosa Luxemburgo

En los últimos años la situación política y social de muchos países está cambiando a un ritmo acelerado. Durante la primavera árabe muchos ciudadanos salieron a protestar ante las injusticias y la opresión, reivindicando el final de regímenes dictatoriales y la recuperación de derechos fundamentales como la libertad de expresión. Desde entonces, mucho se ha venido hablando sobre la diferenciación entre países libres y democráticos y otros que no lo son.

A raíz de toda esa cuestión, me puse a pensar en la palabra libertad, en lo que significa para mi y para otras personas, y sobre todo me hice una pregunta: ‘realmente, ¿soy libre?’ Independientemente del sistema político que gobierne un país, todos y cada uno de nosotros manejamos un abanico de valores que influyen en nuestro grado de felicidad. La libertad es uno de ellos y tanto el concepto que tengamos como el uso que hagamos de ella influyen en el éxito que obtendremos en la vida. Cuando digo éxito me refiero al hecho de llevar a cabo todo aquello que queremos y nos proponemos y realizar nuestros sueños en definitiva.

En un intento de esbozar una respuesta honesta y realista a la pregunta de si soy o no libre, me gustaría señalar algunos puntos que considero importantes a la hora de hablar de libertad:

  • La libertad empieza en el pensamiento. Cuantos más prejuicios tengamos y cuanto más cerrada sea nuestra mente, menor grado de libertad tendremos. Según esto, actuaremos siempre en nuestra zona de confort por miedo a lo desconocido, siguiendo además los mismos patrones. Por el contrario, alguien con una mentalidad más abierta será más libre a la hora de tomar decisiones, incluso cuando éstas impliquen aventurarse en algo nuevo.
  • La libertad es autoestima y la autoestima es libertad. Cuando somos capaces de hacer algo distinto, de actuar de forma diferente o por lo menos de contemplar otras opciones, estamos rompiendo las cadenas que nos atan a los hábitos y a los patrones mentales adquiridos y esto refuerza nuestra autoestima porque nos sentimos bien sobre nosotros mismos y con más confianza. Esto pasa por ejemplo cuando hacemos algo a lo que no nos atrevíamos y nos sentimos orgullosos de nosotros. A su vez y en el sentido opuesto, la autoestima genera libertad porque al tener una buena imagen de mi mismo no dejo que ningún miedo ni pensamiento limitador formen parte de mi toma de decisiones, con lo cual éstas son más libres.
  • La libertad empieza por uno mismo. Muchas veces nos quejamos de que incluso dentro de reducidos grupos sociales como la familia o los compañeros de trabajo no somos libres. Independientemente de que sea ‘verdad’ o no, lo cierto es que todo empieza por y en uno mismo. Si tú mismo no eres capaz de generar pensamientos libres de culpa, juicios, miedos o críticas, no puedes pretender encontrar esa libertad estando con otros ni aún menos que se materialice en el discurso.

Así que yo te invito a que te observes y te ‘muevas’, como dice la cita de Rosa Luxemburgo, para que puedas descubrir posibles cadenas que te aten  y resten libertad en tu vida. Amplia la visión con la que te ves a ti mismo y al mundo que te rodea, atrévete a salir de tu zona de confort. Atrévete a ser auténtico/a y verás cómo esas cadenas pesarán cada vez menos. Confieso que no sé si existe la libertad plena pero de lo que sí estoy segura es de que eso no me va a impedir seguir moviéndome para explorar el camino y ver cómo acaba el desenlace de esta historia llamada ‘libertad’.

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