Cuando la oportunidad te visita

No te precipites juzgando algo como un error, una fatalidad o una injusticia. Podría ser una oportunidad disfrazada a la que estás dejando escapar. Patricia Ibáñez.

Quiero comenzar esta entrada con un párrafo sacado del estupendo libro De los amores negados, de la escritora colombiana Ángela Becerra:

¿Por qué la felicidad nos pasa desapercibida en el segundo mismo en que la estamos viviendo, y luego toca revivirla a punta de recuerdos?; ¿quién nos metió en la cabeza que la felicidad para ser reconocida, debía ir vestida de felicidad, con un letrero luminoso diciendo: ‘hey, estoy aquí. Soy la felicidad, disfrútame’?.

Este párrafo hizo que me quedara pensando en lo que acababa de leer por un buen rato. Cuánta razón había en esas líneas y qué forma tan bonita y clara de decirlo. A raíz de ahí me puse a pensar también sobre esas otras cosas que pasan inadvertidas en nuestra vida y las cuales solo reconocemos después de un tiempo o que ni tan siquiera llegamos a reconocer.

Pensé en las oportunidades como esas posibilidades de cambio y de mejora que aparecen, y que sin embargo muchas veces juzgamos tan pronto tachándolas de errores, problemas o injusticias, que ni siquiera les damos, valga la redundancia, una oportunidad. Dicho con una metáfora sería como cortar unas alas antes incluso de que nos puedan hacer una demostración de su vuelo.

Hace unos meses alguien me decía que la vida no ofrece tantas oportunidades como uno cree. Yo, además de no compartir esa opinión, me pregunto qué entendemos por ‘oportunidades’ y sobre todo de qué clase estamos hablando: de las obvias de cartel luminoso o de las que vienen ocultas en un envoltorio llamado ‘problema’ o ‘mala suerte’. Creo (y esto claro es una opinión que no deja de ser ni más ni menos válida que la anterior), que cada uno de nosotros somos nuestra mejor oportunidad y que crear las condiciones idóneas para que éstas oportunidades surjan depende de nosotros, de lo que pensemos y hagamos. Pero también creo que como señalaba el párrafo del libro en relación a la felicidad, la mayoría de las oportunidades no aparecen con un cartel luminoso con el que se identifique tan claro lo que son. Muchas veces vienen disfrazadas de crisis, de bajadas de sueldo, de despidos, de pérdidas, de traslados no deseados o de cualquier cosa involuntaria a la que directamente rechazamos y negamos, cortando las alas antes de que alcen el vuelo.

Pongo un ejemplo: hace ya más de tres años en mi anterior trabajo nos bajaron el sueldo porque a la compañía no le estaba yendo muy bien. En ese momento mi primera reacción fue la del lamento y la queja porque ‘no era justo’. No me gustaba mi trabajo y si encima me bajaban el sueldo pues era aún peor. Pero alguien muy cercano me dijo que lo que había pasado no era sino una oportunidad para buscar otro trabajo mejor (no sé si iba a encontrar algo o no, pero ciertamente merecía la pena intentarlo porque además no arreglaba nada con quejarme). Así que me puse a buscar y a echar unos cuantos currícumlums, y al cabo de unos meses empecé a trabajar en otra empresa, con un mejor salario y condiciones laborales. Y el mío no es un caso aislado: Internet está lleno de blogueros que en su día fueron despedidos o tuvieron que afrontar algún tipo de pérdida, y que lejos de apoltronarse en el lamento y la queja utilizaron esa situación para lanzar su propio proyecto en forma de blog, convirtiéndose así en gente que disfruta haciendo lo que más le gusta, cobrando además por ello.

Así que abramos los ojos y empecemos a ver, o por lo menos valorar, que todos esos infortunios a los que de primeras juzgamos y tratamos como ‘problemas’, pueden albergar oportunidades en potencia que nos ayuden a mejorar nuestra actual situación y/o que nos aporten algo positivo (conocernos mejor, descubrir una habilidad nueva, lanzar un proyecto…).

Con todo esto no digo que no haya situaciones difíciles y que la vida sea de color de rosa. Pensar eso sería no tener los pies en la tierra y ser muy poco realista (además de todo el sufrimiento que nos acarrearía). Las personas sentimos, pensamos, idealizamos, soñamos, etc, y simplificar todo ese cúmulo de sentimientos, emociones y experiencias sería cargarnos de un plumazo toda la complejidad y riqueza del ser humano. Pero al igual que no podemos simplificar la grandeza del ser humano con definiciones, juicios y etiquetas,  tampoco podemos pensar en algo como ‘bueno’ o ‘malo’ y quedarnos ahí.

Situaciones complicadas, imprevistas o que no sean de nuestro agrado va a haber siempre, pero de nosotros dependerá el cómo manejarlas para convertir ese ‘problema’ en algo productivo y crear así mismo nuevas oportunidades y objetivos para nuestro desarrollo personal. Como decía la frase: aunque te caigas del árbol, en el suelo también hay manzanas.

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2 pensamientos en “Cuando la oportunidad te visita

  1. Elvira

    Tras intuir que puede haber una oportunidad escondida bajo el manto de un contexto incierto, nos preguntamos: que haría si no tuviera miedo? Si respondemos con sinceridad, y desde el amor… todo lo que tenemos por descubrir es maravilloso!

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