Bienvenido a casa, bienvenido a ti

Sencillamente sigue regresando al hogar que tú mismo eres. Eres la persona que estabas esperando. Byron Katie

Fotografía: Patricia Ibáñez

Al leer esta cita de Byron Katie me invadió una sensación similar a la que se tiene cuando después de un día largo y cansado uno llega a casa pensando en quitarse los zapatos y la ropa, darse una ducha caliente y ponerse el pijama para tumbarse en el sillón y disfrutar de una buena película. Y si afuera hace frío o está lloviendo, el acto de entrar en casa es todavía más placentero y agradable si cabe: cuanto peor hace fuera, mejor se está adentro.

Al igual que nuestra casa se puede convertir en el sitio físico más acojedor del mundo, nosotros mismos somos, hablando a nivel íntimo e introspectivo, nuestro mejor hogar. Si lo piensas bien, nuestro cuerpo en su sentido físico y emocional se parece mucho a una casa: necesita que lo amueblemos con buenas ideas y pensamientos para las distintas áreas en las que nos movemos (trabajo, familia, diversión, responsabilidad…). También necesita ventilarse y que le de el aire para que se oxigene y cargue energía, y en ocasiones debido a situaciones difíciles o crisis puede llegar a darse un cambio en la estructura de los cimientos que soportan determinados pensamientos, creencias o estilo de vida. Cuanto más a gusto estemos en nuestra casa y más orgullosos nos sintamos de ella, mayor será nuestra predisposición a invitar a amigos y familiares y a ofrecer nuestro espacio para compartir buenos ratos: mi casa es tu casa.

El ser humano, con toda su grandeza y complejidad, funciona de la misma manera: cuánto más cuidado y amor pongamos en amueblar, decorar, airear y limpiar nuestro cuerpo, mente y emociones, más felices seremos con nosotros mismos. A su vez, estaremos mejor preparados para recibir a gente en nuestra vida y en nuestro mundo, lo que se traduce en mejores relaciones de pareja y amistades y vida familiar más sanas y enriquecedoras.

Pero lo mejor de todo esto es que ese mantenimiento físico, mental y emocional que hacemos en nosotros mismos, lo hacemos, en primer lugar, por y para nosotros. Es como el ejemplo de la casa: la arreglo y la mantengo bien para mi propia comodidad y disfrute, y después para hacer de ella un lugar agradable para mis invitados. Alterar este orden y hacer algo en vez de por mí por y para los demás acaba tarde o temprano pasando factura.

Invertir en nuestro propio aprendizaje y mejora de la propia calidad de vida, cultivar el interior y ejercitar el exterior son la mejor receta para convertirnos en nuestra mejor compañía y en nuestro mejor hogar. Te puede hacer mucha ilusión recibir a buenos amigos en tu casa y que te digan lo a gusto que se sienten allí, pero desde luego ningún comentario externo podrá igualar esa sensación tuya llegando a casa descrita al inicio de esta entrada. Bienvenido a casa, bienvenido a ti.

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