Soy mi camino

Cuando te encuentras a ti mismo, toda búsqueda de caminos cesa porque te transformas en el camino.

Fotografía: Patricia Ibáñez

Conocernos y descubrirnos a nosotros mismos es una de las cosas más difíciles en la vida. Requiere años, paciencia, muchos caerse y volverse a levantar, un Sherlock Holmes perpetuo que nunca se de por vencido. Requiere en definitiva toda una vida y precisamente por eso supone la mejor meta a la que uno puede aspirar. Sinceramente creo que no existe un final, un punto en el que uno diga ‘ya está, ya me conozco al 100%’ porque el ser humano está en constante cambio y evolución, en etapas de encuentro y desencuentro. Pero el hecho de que el camino sea largo y en ocasiones nos desorientemos no debe desanimar a nadie ni hacerle tirar la toalla por adelantado. Muy al contrario, creo que esa es la chispa de la vida.

De pequeños, a medida que crecemos, vamos tomando conciencia de nuestro cuerpo, de nuestras manos y pies y nos asombramos cuando como por arte de magia nos reconocemos en un espejo. Cuando somos adolescentes empezamos a experimentar fuertes cambios físicos y mentales que hacen que nuestro mundo se de la vuelta y se tambalee. Nos sentimos incomprendidos y confusos dando lugar a una amalgama de dudas e interrogaciones que servirán para asentar las bases de nuestra personalidad y definir al adulto en que nos convertiremos. Cuando esto último pasa empiezan además a entrar en juego factores como el trabajo, la responsabilidad o la autosuficiencia, que hacen que este auto-conocimiento se complique, si cabe, aún más.

Pero añadir todos estos elementos al juego de la vida no tiene otro objetivo que el de aprender a conocernos a nosotros mismos. Saber qué nos gusta y qué nos desagrada, qué valores consideramos importantes o cuáles son nuestros límites, miedos y sueños nos ayuda a aprender y a conocernos mejor, transformándonos así y de manera gradual en nuestro propio camino.

Convertirse en el camino es darse cuenta de que las respuestas no están fuera sino dentro; es reconocer que el mundo y la realidad no cambiarán si yo no lo hago primero; es ver en nosotros lo que no nos gusta de los demás; es comprender que somos mucho más que la suma de nuestros pensamientos, sentimientos y emociones. Es también tener fe en nosotros mismos y entender que todos los obstáculos con que nos topamos tienen un por qué y una enseñanza cuyo aprendizaje nos ayudará a avanzar. Convertirse en el camino es darnos cuenta de que nosotros sucedemos a las cosas y no al revés, y de que la verdadera brújula está en nosotros y no en el exterior.

Entender que yo soy mi propio camino produce una sensación de ligereza, de alas para volar y de confianza en uno mismo y en la propia vida. Porque me hace consciente de la idea de que habrá ocasiones en las que me pierda, en las que no sepa qué bifurcación tomar, ni si tendré que retroceder o dar la vuelta en algún punto. Pero si entiendo, sé y confío en que yo soy mi propio camino, también sabré que tarde o temprano llegaré o por lo menos estaré un poquito más cerca de alcanzar mi mayor reto en la vida: conocerme a mi mismo.

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2 pensamientos en “Soy mi camino

  1. Tulipan2010

    Tienes toda la razon en que convertirse en el camino es darnos cuenta de que nosotros sucedemos a las cosas y no al revés. La dificultad radica en la sociedad actual en la que vivimos, en la que existe una insistencia continúa en paralizarnos en dicho camino y en que nos carguemos de piedras….. Por eso hay que estar despiertos y soltar toda esa carga, mirar hacia adelante y tener muy claro cual es nuestro camino que nos permita ese conocimiento y auto realización y para eso no hay más que trabajar día tras día en uno mismo.

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    1. Pat Autor de la entrada

      Como tú bien dices ese camino se llena de piedras haciendo que nuestro equipaje sea cada vez más pesado. Por eso crecer y avanzar también es ir soltando todo aquello que ya no nos sirva y que nos impida seguir. Para llenar hay primero que vaciar y crear el espacio, y ciertamente si queremos llenarnos de nosotros mismos lo primero que tenemos que hacer es soltar ese lastre social para así escuchar nuestra voz interior. Gracias por tu comentario 🙂

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