Los días siguen…

Los días siguen, y vivo en la extraña sensación de que son ellos quienes me viven, y yo soy el tiempo que ellos recorren. Mário de Sá-Carneiro.

La reflexión de esta entrada, muy al contrario de todas las demás publicadas hasta ahora, no incita a llevarla a la práctica y desde luego no es una buena sugerencia como patrón de vida. Si la he elegido es más bien porque creo que ese son los días quienes me viven es una sensación que todos en algún momento dado de nuestras vidas hemos experimentado y sufrido, y por tanto con la que nos hemos sentido identificados.

Como buena forofa del cine, me gusta comparar la vida con una película y todos los elementos que hacen que sea buena o relegada al olvido. Las personas somos los protagonistas de nuestra propia cinta, de nuestra propia vida. Sabemos que de nosotros depende la calidad del guión y de la actuación y también el ofrecer nuestra mejor versión cada día y en cada momento, como si de un nuevo plano se tratase. Sin embargo es curioso cómo a veces podemos llegar a tener la sensación de ser más bien un mero espectador que ve la vida (su vida) pasar, sin sentirse protagonista y sin un papel principal que le corresponda. Es como si de repente nos conviertiésemos en meros canales por los que, como bien dice Mário de Sá-Carneiro, fluyen los días y discurre el tiempo.

Aunque no han sido muchos, sí que recuerdo haber pasado por esos momentos de tedio y frustración en los que sentia que las cosas pasaban y que yo no pasaba a la vida. Sentia que un día era la copia exacta del anterior, y que el boceto dibujado para el fin de semana venidero era similar al que le precedia. Conozco ese sentimiento de aburrimiento así como el run-run mental que parece preguntarse que si eso es todo. Puedo intuir esa desilusión en mucha gente joven que todavía no sabe muy bien qué esperar de la vida o lo que la vida espera de ellos. También puedo adivinar ese vacío en la cara de muchas personas que tras jubilarse sienten y creen que ya no tienen más que hacer ni que ofrecer al mundo, y que por tanto solo les queda esperar y resignarse a un ‘hasta que Dios quiera’. Los psicólogos, médicos y trabajadores sociales entre otros, saben muy bien que es un sentimiento que muchas personas sufren desde la depresión y la ansiedad, en busca de respuestas a preguntas que muchas veces no se sabe ni cómo plantear.

Pero como todo en la vida, y como siempre me gusta recalcar en el blog, creo que todo contiene un aprendizaje y un por qué. Padecer estas etapas y sentimientos nos puede servir para que reaccionemos y nos demos cuenta de que la decisión es nuestra: podemos vivir los días como si fueran eternas repeticiones o podemos añadirles nuevas experiencias, aportando vida a cada momento, provocando situaciones y oportunidades, haciendo cosquillas a lo que nos aburre y convirtiéndolo en un terreno de juego y aprendizaje, en algo por lo que estar agradecidos. En definitiva, podemos elegir despertar ante la vida y tomar las riendas de nuestra felicidad. Podemos descubrir nuevas versiones y facetas de nosotros mismos, soprendiéndonos y sorprendiendo a la vida. Podemos aportar más a cada instante entendiendo que la única realidad que existe es el ahora, y que por tanto cada momento es único e irrepetible.

Como siempre, la decisión la tienes tú.

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