Evolución

No es positivismo, se llama evolución.

Tras unas semanas de ausencia, aquí vuelvo con una nueva reflexión. Surgió en una conversación espontánea, de despedida con alguien al que quieres, a las tantas de la noche. Hablando de todo y de nada, de la vida y de los retos, y como siguiendo un hilo invisible que encauzase los pensamientos y las palabras me dio por pensar en las veces que utilizamos la palabra ‘positivo’ cuando en realidad lo que sería más acertado es decir ‘evolución’.

Me explico: cuando alguien está sufriendo una crisis o momentos muy duros y esa persona elige buscar el lado bueno (que no fácil) y actuar con una actitud positiva, en el fondo lo que está haciendo es evolucionar. Porque si cada vez que tuviéramos algún problema nos viniéramos abajo de manera drástica, la humanidad sería menos feliz pero sobre todo, avanzaría/evolucionaría a un ritmo más lento.

Así que en fondo creo que aprender de las cosas, de nuestras experiencias y de nuestros miedos e intentar salir fortalecidos no es más (ni menos) que desarrollar el propósito de que la humanidad siga evolucionando y sigamos existiendo como especie. El ser humano puede recibir y recibe golpes muy duros a lo largo de su vida. Hay gente con historias más difíciles que otras, que ha sufrido más o menos, pero en en fondo la vida nunca es fácil. Y sacar las fuerzas y los recursos necesarios para vencer cuantos obstáculos se nos presenten no me parece que sea algo que se deba etiquetar como ‘positivo’ o ‘negativo’ ni plantearse si es bueno o malo: es ‘simplemente’ evolución.

Quizás parezca obvio pero todos sabemos que en los momentos de flaqueza lo obvio no lo es tanto, y lo blanco puede parecer negro. Las ganas de salir adelante, la resiliencia con la que salir fortalecidos, las ganas de superar un bache y sobre todo, ese compromiso de evolución hacia nosotros mismos como especie, hace que cada ser humano sea la maravilla que es. Somos únicos e irrepetibles, sí. Pero si hay algo que nos une es ese deseo de evolucionar que todos llevamos dentro (a veces estará mermado o dañado pero siempre está allí), y el cual ahora me inspira a escribir estas líneas.

No es positivismo, ni consiste en verlo todo del color de rosa. Tampoco es ser frívolo o considerar que todo es fácil (nunca lo es) y que se consigue con desearlo. Que va. Hay que apuntar el foco hacia uno mismo, echarle ganas y no desistir cuando las caídas lleguen (que llegarán). Pero en un momento dado, ni antes ni después, podrás ver que el punto en el que te encuentras no es aquel en el que estabas, y que lo que ayer te parecía imposible hoy ya no lo parece tanto. Aprender para evolucionar y evolucionar para aprender. Está en cada uno de nosotros.

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