Toca recapitular

Por mucho tiempo, fui todo lo que pude. Ahora, soy todo lo que quiero.

Ahora que el final del año está a la vuelta de la esquina; ahora que toca mirar atrás, recapitular y hacer balance; ahora que nos reunimos con las familias para celebrar la Navidad. Es siempre ahora, en esta época, cuando siento la necesidad de pararme a pensar y poder verme y observarme a mi misma. ¿Soy mejor que hace un año? ¿He contribuido a hacer mi mundo y el que me rodea lugares mejores? ¿Estoy avanzando? ¿Soy feliz? ¿Qué me falta? ¿Qué quiero conseguir?

Al plantearme estas preguntas me doy cuenta de algo que leí hace unos días sobre el hecho de que a veces las carencias pesan más que las pertenencias. Y no me refiero a cosas materiales, sino a todo eso que nos hace incompletos o infelices hacia nosotros mismos. Hablo de dar más importancia a todo lo que ‘no podemos’, sin ni siquiera pensar en que quizás ya seamos todo lo que necesitamos, y en última instancia, lo que queremos.

Querernos tal como somos es una frase muy manida. La dificultad estriba en aceptar y lograr querer también a esos huecos y vacíos que a veces experimentamos. Es esa parte que sentimos incompleta la que normalmente roba protagonismo al resto de las partes, a ese todo incompleto que nos conforma.

Bastarse a uno mismo, abrazar los llenos y los vacíos y vivir disfrutándolo es, a mi modo de ver, una de las carencias más grandes que hay en la sociedad de hoy en día. Vivimos con la permanente sensación de que nos falta algo. Estoy bien, no me quejo… pero estaría mejor si… Al hacer afirmaciones como ésta el ‘estoy bien’ suele ocupar una pequeña parte del discurso, mientras que el mayor protagonismo se lo lleva todo lo que sigue a ese traicionero si condicional.

Ahora que el año está a punto de acabar, quiero querer todo lo que soy y quiero ser todo lo que quiero. Me revelo ante la idea de seguir dándole más importancia a lo ‘malo’ y a los huecos de la vida en vez de enfocar toda mi energía en mi crecimiento humano y personal, en todo lo que ya soy.

Poner consciencia en la alegría de vivir, en la suerte de estar vivos, de contemplar amaneceres, y poder oler, sentir, ver y tocar, son regalos que desgraciadamente pasamos muy a la ligera por alto. Celebrar la tremenda oportunidad que cada uno de nosotros somos es abrazar los llenos pero también los vacíos porque gracias a todo eso, SOMOS (me ahorro el adjetivo porque el verbo ser ya es suficientemente hermoso e inclusivo).

Ahora que está a punto de comenzar el 2014, empieza a enfocar tu energía hacia todo lo que eres y deja de mirar lo que crees que te falta o lo que no puedes ser. Celebra el hecho de que estás vivo/a y abraza a tu persona. Creo que muchas veces (demasiadas), se nos olvida el regalo tan grande que es estar vivos.

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