Tres horas

Fluye. Relativiza. Siente. Vive.

CONTEXTO: Varanasi es una ciudad sagrada situada al norte de la India. La recorre el Ganges, río sagrado para el hinduísmo y arteria principal de la ciudad. En dos de sus famosos ghats (escalinatas que llevan hasta el agua), se llevan a cabo cremaciones humanas. En procesiones cantadas y a ritmo de campana, los muertos llegan hasta los ghats cargados en los hombros de sus familiares, siempre hombres. Aunque los cuerpos se suelen cubrir con una tela blanca, en ocasiones la cara permanece al descubierto mientras el cuerpo arde.

Estaba esperando el momento en que se produjese el shock. No hablo de cosas que te sorprenden o que te chocan. Hablo de aquello que va más allá. Y ha sido hoy. Escribo esto a las 19.29 de la noche, en un café, en Varanasi. Porque ha sido hoy cuando he visto el rostro que me ha movido cosas, que lo ha cambiado todo. Los ojos cerrados, la frente tersa, sin arrugas: un rostro en paz. Y de nariz para abajo, simple y llanamente: negro. Como el negro de las brasas, como el de la piel achicharrada. Como el rostro que se va; como la boca, la nariz, los ojos, la frente tersa, que desaparecen. Y así hasta las 3 horas de media que es lo que tarda en quemarse un cuerpo humano.

¿Cuánto tardan en quemarse los miedos? ¿Y cuánto las experiencias? ¿Cuánto todo lo vivido? Lo que se inicia con la llegada al mundo y se acaba a rostro descubierto, mientras no lejos del lugar una cabra orina, un perro se rasca las pulgas, un tendal luce la colada del día, un grupo de viejos juega a las cartas y otros charlan con las manos detrás, al calor de la hoguera, al calor de las vidas que se van.

Tres horas. Así. Sin más. Leña, unos 200 kilos. Una mecha. Tres horas. Puf.

Había paseado por delante de los ghats crematorios más veces y aunque me había impactado, no me había marcado. Quizás no lo había entendido. Pasé una, dos, tres veces. Pero no lo entendía. Ahora sé que no me hace falta ver más. Ahora lo pillo. Vale. Aha.

Y justo en el día en que me devano los sesos valorando si debo ir antes a Tailandia o a Australia. Son 150 libras arriba o abajo. Pero un cuerpo tarda 3 horas en quemarse. Así de rápido. Así de simple. Así.

Viendo ese rostro chamuscado lo he entendido todo; o quizás no he entendido nada. Quizás cada uno entiende lo que le conviene. Pero lo que he visto ante mis ojos ya no lo necesito volver a ver. Tres horas. Todos los miedos, toda la existencia, todas las dudas y los pensárselo dos veces. Lo ves… no lo ves.

Entiendo lo poco que pesa todo, y la ironía de la vida. La importancia que le damos a algo, el tiempo (mucho más de tres horas) que le concedemos a las preocupaciones, a las indecisiones. El tiempo que estamos pero no estamos. El tiempo que perdemos, que no valoramos, pensando que de tiempo vamos bien. Pero qué ciegos. Tres horas. Todo se acaba en tres horas. Así de rápido. Así de simple. Puf.

Viendo ese rostro… mejor dicho: procesando el haber visto ese rostro, solo se me venía una idea a la mente: ‘Patri relativiza. Vive la vida. Pero de verdad, vívela. No estés sin estar. No digas que sí porque sí. Siéntela. Vívela. Fluye con ella. Fluye‘ (me estoy haciendo muy fan de esta palabra). No dejes que eso que te frena ocupe más tiempo que el necesario (y cada uno que interprete el lapso de tiempo que ‘necesario’ significa). Solo digo que el cuerpo tarda tres horas en desaparecer.

Crea algo lindo. Algo que perdure, que resista a la paradoja de las tres horas. Algo que se ría en su cara, y que le sobreviva. Algo que aunque tú te vayas no se pueda quemar. Algo que permanezca. Y relativiza. Sólo tres horas. Así. Sin más. Se va… se va… se ha ido. Puf.

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3 pensamientos en “Tres horas

  1. mer

    Querida Patricia.
    Despues de leer “tres horas..” deslizándome por la sensibilidad de tu alma, ésa que no se perderá con el fuego ni con el olvido de nadie. Ésa, que forma parte de ese maravilloso universo al que tenemos el lujazo de pertenecer…Siento que es mucho tiempo, porque la vida se va en “le temp d’un supir”. El tiempo de un suspiro.
    Seguiré leyendote.
    Un beso y buen viaje.
    Mer

    Responder
    1. Pat Autor de la entrada

      Muchas gracias por tus palabras Mer, y por leer el blog. Como tú dices, la vida se va en un suspiro y cuando nos acordamos de esto, vemos las cosas desde otro punto de vista. Otro beso para ti! Todo lo mejor 😉
      Patri

      Responder
  2. Pingback: Varanasi: el Ganges | Impresiones del mundo

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