Finales y principios

Cuando llegues al final de lo que debes saber, estarás al principio de lo que debes sentir. Khalil Gibran

Que la vida es una montaña rusa emocional no es nada nuevo. Todos tenemos nuestros altibajos y vamos a días y a ratos. Está en nuestro ADN y quien niegue y viva de espaldas a la dureza de este trayecto, vive en la oscuridad.

Creo que lo peor de esas bajadas emocionales o más comúnmente llamados ‘bajones’ es la sensación de confusión y de no saber para dónde tirar que a veces nos ciega y paraliza. porque cuando sabemos lo que sentimos, por muy negativo que sea, por lo menos identificamos qué es eso que tanto nos está preocupando. Pero la sensación de sentir algo y no saber muy bien el qué o el por qué es todavía más angustiosa y más dañina, pues si no tenemos conciencia de qué, difícilmente podremos afrontar ese malestar y hallar un cómo.

Con todo esto lo que trato de decir es que a veces llegar a ese final que clarifique un poco las cosas y que arroje luz a cómo nos encontramos es algo que se puede hacer de rogar. A nadie le gusta estar en esa transición, en ese limbo de no saber hacia dónde tirar ni cómo se supone que se tiene que actuar. El camino desaparece y parece que nos estancamos, a la espera de algo sin ni siquiera saber el qué.

El otro día leí que la confusión es la antesala de la claridad, y en este sentido la cita de Khalil Gibran aborda el mismo tema. El saber es un proceso, un camino que es necesario transitar aún sin saber hacia donde nos dirigimos. Pero en algún momento, el camino comenzará a perfilarse y entonces podremos acercarnos más a eso que necesitamos trabajar, en la dirección correcta.

Lo importante es confiar, fluir y no dejarse caer. Entender que esos bajones son parte de la vida porque somos humanos; reconocerlos, aceptarlos, darles un tiempo para dejarlos aflorar y salir de nosotros para después confrontarlos y ver qué es lo que podemos aprender de esa situación que tanto nos frustra. Entender que todo es temporal y que los nubarrones también pasarán. Ningún estado de ánimo permanece si nosotros así lo queremos (y así lo trabajamos).

Es solo a medida que vamos profundizando en nosotros mismos y conociéndonos más como aprendemos a sortear esas bajadas y hacer de esa montaña un trayecto menos brusco y más placentero.

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