Pon el foco

 

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Muchas veces me paro a pensar en la cantidad de tiempo y energía que dedicamos a soñar con todos aquellos fines y objetivos que queremos alcanzar. Sabemos, porque lo hemos oído mil veces o mejor aún, porque lo hemos experimentado, que las cosas tienen su proceso y su tiempo. Al igual que un buen puchero necesita su buena mañana en la olla haciéndose lentamente, sabemos que en la vida no todo es inmediato y que por tanto hay que tener paciencia. Sin embargo, el mundo en el que vivimos parece orbitar en torno a deseos y necesidades mucho más apremiantes e inmediatas: lo cierto es que cuando queremos algo, lo queremos ya.

Perder o reducir esa capacidad para ser pacientes y disfrutar del proceso es algo que estamos empezando a enterrar bajo la montaña de prisas y ansiedad con las que vivimos, dando lugar a altos niveles de frustración que, en muchos casos, hacen que abandonemos la toalla antes incluso de haber empezado. Antes, cuando se comenzaba un proyecto y en función de cómo fuesen los resultados, íbamos perdiendo o ganando la ilusión por continuar. Ahora lo que ocurre es que en muchos casos nos desilusionamos antes de empezar, abandonando cualquier principio y por tanto, cualquier posibilidad de acercarnos a eso que tanto (creíamos) que deseábamos.

Comparto plenamente la reflexión de Sergio Fernández, profesional al que tanto admiro, de que si nos perdemos el principio, también nos perderemos el fin porque no consiste tanto en enfocarnos en el fin en sí mismo sino en el propio principio. Es como si de noche se va la luz y tenemos que alumbrar con una linterna el camino: no alumbramos el final al que queremos ir sino que alumbramos justo bajo nuestros pies para ver dónde pisamos. Gracias a ese haz de luz ponemos la atención en nuestras pisadas para no tropezar con nada porque de eso dependerá que lleguemos o no hacia el origen del apagón.

No existen fórmulas milagrosas que garanticen finales o misiones cumplidas, pero sí recetas que podemos ir probando y ajustando a nuestro gusto que nos permitan enfocarnos en el aquí y ahora, en el principio de cada proceso y no tanto en el final. Recordemos que para andar mil pasos hay que empezar por el primero y que no existen metas sin comienzos.

Situarnos en el aquí y ahora y ser conscientes de lo que hacemos a cada momento sin dejar que otros pensamientos o deberes contaminen esa intención primero y acción después es el primer paso para intentar lograr cualquier objetivo y sentirnos un poquito más en paz con nosotros mismos.

 

Aclaración: he sacado esta reflexión de Sergio Fernández de una entrevista impresa que le han hecho hace poco. En ese artículo Sergio habla del concepto de la abundancia y de algunas de las creencias más importantes para él. Qué dice y sobre todo, cómo lo dice es algo digno de ser leído, por eso te dejo el link que te llevará a esa entrevista con Sergio Fernández titulada ‘Vivir con abundancia’.

 

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