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Hacer o no hacer

Aquello a lo que más temes es aquello que más necesitas hacer. Timothy Ferriss

Leer un buen libro es para mi uno de los grandes placeres de la vida. Y si encima ese libro te lo ha regalado una amiga porque te conoce y sabe que te va a encantar, pues mucho mejor. Con esto me refiero al bestseller de Timothy Ferriss La semana laboral de 4 horas (The 4-hour work week: escape the 9-5, live anywhere and join the new rich).

Basándose en su experiencia y en multitud de casos reales de personas que han seguido su ejemplo, Ferriss da la vuelta al modelo de trabajo actual explicando las razones por las que él considera que este sistema está obsoleto y plantea uno nuevo basado en la autonomía, la reducción de horas y el aumento de la eficacia y de la motivación como claves para desarrollar negocios de éxito. Además, y dejando a un lado el tema laboral, el autor también escribe acerca de aspectos tan importantes como la motivación, la importancia de salir de la zona de confort, la calidad en la vida familiar, la superación personal y en definitiva, de la felicidad.

La cita que presento con esta entrada está sacada de una de sus páginas, de uno de esos párrafos en los que el tema del trabajo se mezcla con el del desarrollo personal porque en el fondo, todo es uno. Haz aquello que más temes hacer es uno de esos principios que se pueden aplicar a todo. Es como en la física cuando una teoría se prueba como verdadera porque siempre se obtiene el mismo resultado o como la manzana que siempre cae de arriba hacia abajo. Llevar a cabo lo que más tememos es, además, un fin y un principio en sí mismo: es el fin a ese miedo, a la ansiedad provocada por el mismo, es la ruptura de unas cadenas invisibles pero pesadas como el plomo, el fin del ‘hasta aquí he llegado’. Pero también es el comienzo de la acción, de la libertad y de una nueva experiencia con la que mejorar la imagen de uno mismo, la autoestima y confianza, y su valor para enfrentarse a situaciones difíciles.

El miedo es uno de los sentimientos más paralizantes que existen porque hace que veamos la realidad borrosa y distorsionada. En su grado máximo actúa como una fobia en la que nos sentimos totalmente impotentes e incapaces de reaccionar. Pero un enfoque diferente en el que nos centremos no en aquello que nos provoca miedo sino en todo lo que podríamos ganar si lo superásemos, hace que el panorama sea completamente distinto y lo que es más importante: motivador.

Creo que el valor de la motivación como aliciente para inspirar y hacer actuar a la gente se ha pasado por alto desde hace demasiado tiempo. También creo que la actual crisis mundial se debe en parte a la desmotivación laboral y en otros niveles padecida por mucha gente durante años y años. Ser consciente y saber qué es lo que nos motiva a cada uno tanto en el trabajo como en la vida y saber encaminarse hacia esa dirección es una de las claves del libro de Ferriss, así como lo es a la hora de afrontar los miedos y todas aquellas decisiones que consciente o inconscientemente vamos postergando.

Así que ánimo y adelante. Encuentra tu motivación y tu sueño y empieza a tomar cartas en el asunto. Pasa a la acción, afronta eso que tanto temes y supéralo (o por lo menos inténtalo). Todo un nuevo abanico de nuevas oportunidades estará esperándote a la vuelta de la esquina de ese miedo superado. Lo tienes todo por ganar. La decisión es tuya.

Bienvenido a casa, bienvenido a ti

Sencillamente sigue regresando al hogar que tú mismo eres. Eres la persona que estabas esperando. Byron Katie

Fotografía: Patricia Ibáñez

Al leer esta cita de Byron Katie me invadió una sensación similar a la que se tiene cuando después de un día largo y cansado uno llega a casa pensando en quitarse los zapatos y la ropa, darse una ducha caliente y ponerse el pijama para tumbarse en el sillón y disfrutar de una buena película. Y si afuera hace frío o está lloviendo, el acto de entrar en casa es todavía más placentero y agradable si cabe: cuanto peor hace fuera, mejor se está adentro.

Al igual que nuestra casa se puede convertir en el sitio físico más acojedor del mundo, nosotros mismos somos, hablando a nivel íntimo e introspectivo, nuestro mejor hogar. Si lo piensas bien, nuestro cuerpo en su sentido físico y emocional se parece mucho a una casa: necesita que lo amueblemos con buenas ideas y pensamientos para las distintas áreas en las que nos movemos (trabajo, familia, diversión, responsabilidad…). También necesita ventilarse y que le de el aire para que se oxigene y cargue energía, y en ocasiones debido a situaciones difíciles o crisis puede llegar a darse un cambio en la estructura de los cimientos que soportan determinados pensamientos, creencias o estilo de vida. Cuanto más a gusto estemos en nuestra casa y más orgullosos nos sintamos de ella, mayor será nuestra predisposición a invitar a amigos y familiares y a ofrecer nuestro espacio para compartir buenos ratos: mi casa es tu casa.

El ser humano, con toda su grandeza y complejidad, funciona de la misma manera: cuánto más cuidado y amor pongamos en amueblar, decorar, airear y limpiar nuestro cuerpo, mente y emociones, más felices seremos con nosotros mismos. A su vez, estaremos mejor preparados para recibir a gente en nuestra vida y en nuestro mundo, lo que se traduce en mejores relaciones de pareja y amistades y vida familiar más sanas y enriquecedoras.

Pero lo mejor de todo esto es que ese mantenimiento físico, mental y emocional que hacemos en nosotros mismos, lo hacemos, en primer lugar, por y para nosotros. Es como el ejemplo de la casa: la arreglo y la mantengo bien para mi propia comodidad y disfrute, y después para hacer de ella un lugar agradable para mis invitados. Alterar este orden y hacer algo en vez de por mí por y para los demás acaba tarde o temprano pasando factura.

Invertir en nuestro propio aprendizaje y mejora de la propia calidad de vida, cultivar el interior y ejercitar el exterior son la mejor receta para convertirnos en nuestra mejor compañía y en nuestro mejor hogar. Te puede hacer mucha ilusión recibir a buenos amigos en tu casa y que te digan lo a gusto que se sienten allí, pero desde luego ningún comentario externo podrá igualar esa sensación tuya llegando a casa descrita al inicio de esta entrada. Bienvenido a casa, bienvenido a ti.

Sé tu propio regalo

Seguir adelante es un regalo que nos hacemos a nosotros mismos. Joan Rivers

¿Te has parado a pensar alguna vez en la cantidad de veces que criticamos las cosas que los demás hacen (o no) por nosotros, y sin embargo nunca hablamos de lo que hacemos (o no) por nosotros mismos? Es muy frecuente oír conversaciones entre grupos de amigos por ejemplo, donde se cuentan los unos a los otros lo dolidos y decepcionados que están porque tal o cual persona no ha hecho esto o lo otro por ellos. Seré honesta: yo no soy ninguna excepción, y quizás por eso es por lo que me gustó tanto esta frase de Joan Rivers cuando la leí.

Lo que más me llamó la atención de esta cita fue el mensaje tan positivo que contiene: regalarnos a nosotros mismos nuestro propio camino con la mirada al frente. Claro que hay momentos en los que uno tiene que mirar atrás para recuperar recuerdos del pasado, para entender mejor su presente, o por el motivo que sea. Pero tarde o temprano para seguir avanzando en la vida hay que retomar el paso y continuar el camino. Y eso, es todo un regalo (algo también muy en desuso, el regalarse algo a uno mismo).

Pero lo que también me gustó fue lo que comentaba precisamente en las primeras líneas de esta entrada: el hecho de que el foco de atención no recae en los otros o en lo externo, sino en nosotros mismos como los únicos responsables de hacer algo (o no) por y para nosotros, en pro de la felicidad y la armonía en nuestras vidas.

Así que ya lo sabes: el seguir adelante no es algo que haya que hacer porque no quede otra (este comentario seguro que te sonará); es un regalo que, primero, decidimos hacernos y segundo, si no lo hacemos por nosotros mismos nunca podremos recriminar a los demás lo que han hecho o dejado de hacer por nosotros, ¿no te parece?