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Finales y principios

Cuando llegues al final de lo que debes saber, estarás al principio de lo que debes sentir. Khalil Gibran

Que la vida es una montaña rusa emocional no es nada nuevo. Todos tenemos nuestros altibajos y vamos a días y a ratos. Está en nuestro ADN y quien niegue y viva de espaldas a la dureza de este trayecto, vive en la oscuridad.

Creo que lo peor de esas bajadas emocionales o más comúnmente llamados ‘bajones’ es la sensación de confusión y de no saber para dónde tirar que a veces nos ciega y paraliza. porque cuando sabemos lo que sentimos, por muy negativo que sea, por lo menos identificamos qué es eso que tanto nos está preocupando. Pero la sensación de sentir algo y no saber muy bien el qué o el por qué es todavía más angustiosa y más dañina, pues si no tenemos conciencia de qué, difícilmente podremos afrontar ese malestar y hallar un cómo.

Con todo esto lo que trato de decir es que a veces llegar a ese final que clarifique un poco las cosas y que arroje luz a cómo nos encontramos es algo que se puede hacer de rogar. A nadie le gusta estar en esa transición, en ese limbo de no saber hacia dónde tirar ni cómo se supone que se tiene que actuar. El camino desaparece y parece que nos estancamos, a la espera de algo sin ni siquiera saber el qué.

El otro día leí que la confusión es la antesala de la claridad, y en este sentido la cita de Khalil Gibran aborda el mismo tema. El saber es un proceso, un camino que es necesario transitar aún sin saber hacia donde nos dirigimos. Pero en algún momento, el camino comenzará a perfilarse y entonces podremos acercarnos más a eso que necesitamos trabajar, en la dirección correcta.

Lo importante es confiar, fluir y no dejarse caer. Entender que esos bajones son parte de la vida porque somos humanos; reconocerlos, aceptarlos, darles un tiempo para dejarlos aflorar y salir de nosotros para después confrontarlos y ver qué es lo que podemos aprender de esa situación que tanto nos frustra. Entender que todo es temporal y que los nubarrones también pasarán. Ningún estado de ánimo permanece si nosotros así lo queremos (y así lo trabajamos).

Es solo a medida que vamos profundizando en nosotros mismos y conociéndonos más como aprendemos a sortear esas bajadas y hacer de esa montaña un trayecto menos brusco y más placentero.

Para que no se pierda

Todo lo que no es dado, es perdido. Proverbio indio

Estoy de despedida. En menos de una semana dejo India, un país en el que he pasado casi 5 meses. Y justo en este cierre me encuentro con este proverbio local, de la tierra que tanto me ha enseñado y de la que tanto he aprendido. ‘La India me ha dado mucho’ es además una frase que oigo a muchas personas que deciden empaparse de esta cultura tan ajena a la nuestra, y la cual requiere un proceso de adaptación nada desdeñable.

Por eso, a menos de 6 días para dejar este país del que me despido con un hasta luego, quería publicar este proverbio. Creo que cualquier otro añadido por mi parte estaría de más. Todo lo que no es dado, es perdido. Como escribía ya hace algunas semanas en la entrada titulada Tres horas, cuando uno muere y entiende que el cuerpo humano desaparece en ese lapso de tiempo, todo parece encajar y colocarse en su sitio: al final, lo que queda, es lo que has hecho, lo que has aportado al mundo. Lo demás, todas las posesiones materiales, las etiquetas, el estatus social… todo lo que ‘hemos sido’ desaparece al igual que hace el sol para dejar paso a la luna.

Pido perdón si estas últimas entradas parecieran un poco repetitivas. Pero si algo he aprendido aquí, en este país de ‘capas’ como yo lo llamo, es a valorar y a priorizar más aquello que damos y con lo que contribuimos al mundo porque a veces se nos olvida y nos lo tomamos a la ligera. Por eso, con última entrada que escribo desde este rincón del mundo quería despedirme con este proverbio, a modo de homenaje y gratitud hacia esta tierra.

Namaste India.

 

Toca recapitular

Por mucho tiempo, fui todo lo que pude. Ahora, soy todo lo que quiero.

Ahora que el final del año está a la vuelta de la esquina; ahora que toca mirar atrás, recapitular y hacer balance; ahora que nos reunimos con las familias para celebrar la Navidad. Es siempre ahora, en esta época, cuando siento la necesidad de pararme a pensar y poder verme y observarme a mi misma. ¿Soy mejor que hace un año? ¿He contribuido a hacer mi mundo y el que me rodea lugares mejores? ¿Estoy avanzando? ¿Soy feliz? ¿Qué me falta? ¿Qué quiero conseguir?

Al plantearme estas preguntas me doy cuenta de algo que leí hace unos días sobre el hecho de que a veces las carencias pesan más que las pertenencias. Y no me refiero a cosas materiales, sino a todo eso que nos hace incompletos o infelices hacia nosotros mismos. Hablo de dar más importancia a todo lo que ‘no podemos’, sin ni siquiera pensar en que quizás ya seamos todo lo que necesitamos, y en última instancia, lo que queremos.

Querernos tal como somos es una frase muy manida. La dificultad estriba en aceptar y lograr querer también a esos huecos y vacíos que a veces experimentamos. Es esa parte que sentimos incompleta la que normalmente roba protagonismo al resto de las partes, a ese todo incompleto que nos conforma.

Bastarse a uno mismo, abrazar los llenos y los vacíos y vivir disfrutándolo es, a mi modo de ver, una de las carencias más grandes que hay en la sociedad de hoy en día. Vivimos con la permanente sensación de que nos falta algo. Estoy bien, no me quejo… pero estaría mejor si… Al hacer afirmaciones como ésta el ‘estoy bien’ suele ocupar una pequeña parte del discurso, mientras que el mayor protagonismo se lo lleva todo lo que sigue a ese traicionero si condicional.

Ahora que el año está a punto de acabar, quiero querer todo lo que soy y quiero ser todo lo que quiero. Me revelo ante la idea de seguir dándole más importancia a lo ‘malo’ y a los huecos de la vida en vez de enfocar toda mi energía en mi crecimiento humano y personal, en todo lo que ya soy.

Poner consciencia en la alegría de vivir, en la suerte de estar vivos, de contemplar amaneceres, y poder oler, sentir, ver y tocar, son regalos que desgraciadamente pasamos muy a la ligera por alto. Celebrar la tremenda oportunidad que cada uno de nosotros somos es abrazar los llenos pero también los vacíos porque gracias a todo eso, SOMOS (me ahorro el adjetivo porque el verbo ser ya es suficientemente hermoso e inclusivo).

Ahora que está a punto de comenzar el 2014, empieza a enfocar tu energía hacia todo lo que eres y deja de mirar lo que crees que te falta o lo que no puedes ser. Celebra el hecho de que estás vivo/a y abraza a tu persona. Creo que muchas veces (demasiadas), se nos olvida el regalo tan grande que es estar vivos.

Mandela

No es valiente el que no tiene miedo, sino el que sabe conquistarlo. Nelson Mandela

Nelson Mandela ha muerto. El que fuera un ejemplo para la superación, la igualdad y la lucha, se va de este mundo habiéndolo dejado mucho mejor de como lo encontró. Es así como acaba el elogio que Mario Vargas Llosa ha dedicado al politico africano en el artículo publicado en el diario El País.

Sin nada más que añadir, cedo la palabra, o en este caso las líneas, al gran escritor.

http://elpais.com/elpais/2013/06/27/opinion/1372345409_851455.html