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Vuelta a los valores

La cultura occidental ha sustituido los valores por los intereses. José Luis Sampedro

La que estoy escribiendo va a ser una entrada especial, diferente. Como siempre, voy a desmigar una cita, sí, pero he de decir que estas líneas tienen más una función terapéutica que cualquier otro fin. Lo reconozco: necesito desahogarme, sacar fuera toda esa tristeza, rabia y malestar creado por la situación tan precaria que llevan viviendo muchos españoles por tanto tiempo, demasiado ya. Claro está que esta crisis que se ha instalado en nuestras sociedades acampa a sus anchas en otros países, pero como a cada uno lo que más le duele es lo suyo, prefiero escribir acerca de la realidad de mi país y mi gente porque es lo que más conozco, y lo que más me duele.

La crisis. Esa que todo lo llena con un ansia que parece no tener fin. La misma que hace que salga lo mejor de las personas, que demos relevancia a lo verdaderamente importante, que hace que reconozcamos nuestra responsabilidad política y social en una situación que a mi modo de ver no es una causa, sino una consecuencia que se ha venido fraguando lenta y dolorosamente desde hace mucho, mucho tiempo. Pero también la crisis que está ganando la batalla a muchas personas, las cuales se han quitado la vida y a las que ha arrancado las ilusiones, las posibilidades de ampliar familias, las ganas de luchar y por tanto, de vivir.

Enredada en toda esa maraña de hechos y sentimientos, recordé las palabras de José Luis Sampedro en una entrevista que le hicieron como consecuencia del 15M, el cual marcó el primer gran inicio de un movimiento social en el que miles de personas salieron a la calle para decir ‘basta’. La entrevista es una joya, y si bien todo el análisis que el escritor lleva a cabo merece la pena ser oído primero y asimilado después, me quedé sobre todo con la parte en la que para mi es el quid de la cuestión de la actual crisis: los valores han sido sustituidos por los intereses.

Porque vamos a ver si no cómo se explica que la felicidad haya pasado a ser algo que se busca de puertas para afuera, de cara hacia los demás e incluso muchas veces a su costa. O que el valor de las personas no resida en lo que son, en su mera existencia, sino en lo que poseen: tanto tienes, tanto eres. Desde cuándo el título de alguien vale más que su experiencia y su motivación; desde cuándo hay que estar agradecidos por tener trabajos con jornadas maratonianas donde los padres y cuidadores tienen que hacer verdaderos malabarismos para compaginar su vida laboral con tan solo unas horas de vida familiar. Desde cuándo es aceptable que alguien esté sufriendo una situación de acoso laboral y encima se tenga que callar porque ‘tú tienes un trabajo y si no te gusta, ya vendrá otro que lo haga’. Desde cuando los políticos, y otros altos cargos administrativos piensan que están por encima de la sociedad, cuando la verdad es que están al servicio y se deben a ella. Desde cuándo es aceptable la realidad que están viviendo millones de familias. Desde cuándo.

Si existiera el genio de la lámpara de Aladín que pudiera conceder ya no tres sino solo un deseo, lo tendría muy claro: ‘deseo que todas las personas, sin excepción, elijan regirse por valores’. La solidaridad, la honestidad, la justicia, el perdón, la igualdad, el amor, el respeto, la educación, el compañerismo, la amistad, y un largo etcétera han sido desbancados por intereses sociales y económicos donde se especula y se tergiversa, se estafa y se corrompe, donde lo importante no es el reconocer la propia responsabilidad social o cómo hemos contribuido cada uno a general esta situación, sino que todo siga girando en torno al ‘tú más’.

Esta triste realidad no es más que el reflejo de la ausencia de valores, de los de verdad, de los que contribuyen a crear un mundo mejor y más justo, donde las personas se ayudan y respetan los unos a los otros, y donde nadie se enriquece ni sale a flote a costa de nadie. En una sociedad con valores daríamos al dinero el valor que tiene, o sea, dinero; reconoceríamos aquellas veces en que nos equivocásemos sin querer ‘cargarle el muerto’ al otro; trabajaríamos en equipo respetando la ideas de los demás porque sabríamos que la diversidad de opinión y pensamiento es lo que enriquece a una sociedad. Nos apoyaríamos entre todos porque las cosas que unen son más que las que separan.

Habrá personas a las que ésto les suene utópico, o de color de rosa y bien es cierto que queda mucho camino por recorrer hasta llegar a este paisaje descrito. Pero en el fondo y aunque no nos lo creamos, estamos más cerca de lo que parece. ‘Solo’ hay que entender que el cambio empieza en uno mismo. Pretender que los políticos y la economía cambie de un día para el otro es utópico e irreal. Pero empezar a cambiar uno mismo y vivir en concordancia con una serie de valores que nos hagan ser mejores personas (padres, hermanos, compañeros de trabajo, ciudadanos, etc), es algo realizable, posible, y a mi modo de ver, necesario. Como decía Gandhi, sé tu mismo el cambio que deseas ver en el mundo. No sigamos permitiendo que este deterioro y hastío social siga creciendo hasta un punto sin retorno. El cambio está en nosotros. La decisión es tuya.

Espejos

La vida es como un espejo: te sonríe si la miras sonriendo

El espejo: esa superficie lisa y brillante que refleja lo que hay delante, a la cual no nos cansamos de mirar cuando nos complace lo que vemos, y de la que huimos cuando no es así. En en primer caso, no hay ningún pero. Todo liso y brillante, como el cristal. Ahora bien, en el segundo, la cosa se complica. O más bien somos nosotros los que la complicamos. Y es que el punto clave de todo esto consiste en el punto de vista con el que nos miramos: si es prejuicioso y de rechazo o por el contrario, de aceptación y gratitud (aceptación no significa que algo nos tiene que gustar, simplemente lo aceptamos tal y como es). Dependiendo de la mirada con la que nos queramos mirar, el resultado será uno u otro. Y este mismo ejemplo se puede aplicar a la vida: dependiendo de cómo decidamos verla (y recalco el ‘decidir’ porque de nosotros depende el cristal con el que miremos), nos parecerá algo maravilloso que vale la pena vivir, o por el contrario un caminar arrastrando los pies y de mala gana.

El punto principal de todo esto es que tú decides cómo quieres mirar tu vida (y recalco el ‘quieres’). Y antes de decidir nada, piénsatelo dos veces, porque es una decisión muy importante que marcará en mayor o menor grado no solo las cosas que tú decidas que te sucedan sino también, y más importante, el efecto que esas cosas/acontecimientos tengan en ti.

Al igual que el Támesis, que es el río de la foto, refleja el cielo y los árboles, la vida refleja y reproduce la actitud con la que nosotros la vemos y vivimos. Y el poder que nos otorga este pensamiento es digno de ser experimentado y llevado a la práctica cada día, un hábito tan básico como el de ponernos los zapatos para salir a la calle o abrigarnos si hace frío. Y si no, empieza a practicar poniéndote delante de un espejo con una mentalidad alegre y constructiva. Ya verás qué tan positivamente te va a sorprender lo que ves.

Añadido:

La cita está extraída de este fragmento.

Le preguntaron a Mahatma Gandhi, cuáles son los factores que destruyen al ser humano.

Él respondió así:

La Política sin principios,
el Placer sin compromiso,
la Riqueza sin trabajo,
la Sabiduría sin carácter,
los Negocios sin moral,
la Ciencia sin humanidad y
la Oracion sin caridad.

La vida me ha enseñado que la gente es amable, si yo soy amable;
que las personas están tristes, si yo estoy triste;
que todos me quieren, si yo los quiero;
que todos son malos, si yo los odio;
que hay caras sonrientes, si yo les sonrío;
que hay caras amargas, si yo estoy amargado;
que el mundo está feliz, si yo soy feliz;
que la gente es enojona, si yo soy enojón;
que las personas son agradecidas, si yo soy agradecido.

La vida es como un espejo:

Si sonrío, el espejo me devuelve la sonrisa.
O sea, que la actitud que tome frente a la vida,
es la misma que la vida,
tomará ante mí.

EL QUE QUIERA SER AMADO, QUE AME