Archivo de la etiqueta: sabiduría

Libera tu felicidad

Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias. John Locke

Una búsqueda constante. La receta de la fórmula para conseguir su eterno elixir. El antídoto para las horas más bajas del ser humano. La felicidad, o ese deseo de querer encontrarla y sobre todo, de querer conservarla. Ese estado mental cuya ausencia provoca tanto sufrimiento y malestar. Es curioso pensar lo mucho que se ha escrito sobre ella, la cantidad de energía que ponemos para conseguirla, y sin embargo, sepamos tan poco sobre ella. ¿Por qué si no seguiríamos buscándola en el lugar incorrecto?

Para empezar, la felicidad nace y habita dentro de uno mismo. Vivimos pensando que cuanto más tengamos, más felices seremos. Sin embargo, este planteamiento lejos de acercarnos un poquito más a la felicidad, nos hace más miserables y nos crea más ansiedad. Por otro lado, tener unas circunstancias externas favorables ayuda a que nos encontremos mejor y más felices, pero esto solo es un estado temporal que se tambalea con el mínimo cambio. En otras palabras, somos felices en la medida en que nos van bien las cosas y nadie nos crea problemas.

Según el budismo, la felicidad es un estado mental. Por tanto, la única manera de alcanzar dicho estado es controlando la mente, viviendo el presente en su totalidad y desligándonos del apego que tanto nos ata a las cosas y a las personas.

En la teoría todo se ve muy claro y muy fácil, pero la realidad es otra bien distinta. Así que yo me planteo: ¿en qué momento nos empezamos a desviar del camino? ¿Cuándo fue que empezamos a asociar la felicidad con un estático ‘para siempre’ en vez de considerarla como pequeños instantes a los que atesorar? ¿Quién nos metió en la cabeza ese final de cuento de hadas donde los protagonistas son felices por toda la eternidad?

Si la felicidad realmente dependiera de las circunstancias externas estaríamos esclavizados al hecho de que todo fuese siempre perfecto y por tanto no habría evolución ni mejoría, pues lo perfecto no se puede superar. Por otro lado, si siempre estuviésemos felices no aprenderíamos, no desarrollaríamos nuestro potencial ni habría afán de superación; no valoraríamos nada porque no nos faltaría nada. Y sin embargo y pese a lo absurdo de esta situación, seguimos empeñándonos en caminar hacia esa dirección.

La felicidad es un estado metal al que podemos llegar controlando nuestros pensamientos. Un pensamiento feliz y en armonía con el presente creará un sentimiento feliz que a su vez creará una acción feliz (y en armonía con ese pensamiento inicial). No se trata de ver todo estupendo y maravilloso, sino de intentar comprender hasta qué punto la calidad de nuestros pensamientos determinan nuestra felicidad y paz interior. Solo controlando la mente podremos empezar a caminar en dirección correcta hacia la felicidad.

Deja de buscar afuera lo que tú ya tienes dentro de ti. Quizás te cueste creerlo, pero te garantizo que en el momento en que empieces a centrar tu atención hacia tu interior y no tanto hacia el exterior, la calidad de tus pensamientos mejorará, y con ello estarás más cerca de eso que tanto buscas. Un día te darás cuenta de que la felicidad no estaba en llegar a la meta sino en la propia satisfacción de haber recorrido el camino.

Impresiones en el mundo - logo

Si te gusta la fotografía de viajes, te gustará ‘Impresiones del mundo’, mi otro blog 🙂

Los días siguen…

Los días siguen, y vivo en la extraña sensación de que son ellos quienes me viven, y yo soy el tiempo que ellos recorren. Mário de Sá-Carneiro.

La reflexión de esta entrada, muy al contrario de todas las demás publicadas hasta ahora, no incita a llevarla a la práctica y desde luego no es una buena sugerencia como patrón de vida. Si la he elegido es más bien porque creo que ese son los días quienes me viven es una sensación que todos en algún momento dado de nuestras vidas hemos experimentado y sufrido, y por tanto con la que nos hemos sentido identificados.

Como buena forofa del cine, me gusta comparar la vida con una película y todos los elementos que hacen que sea buena o relegada al olvido. Las personas somos los protagonistas de nuestra propia cinta, de nuestra propia vida. Sabemos que de nosotros depende la calidad del guión y de la actuación y también el ofrecer nuestra mejor versión cada día y en cada momento, como si de un nuevo plano se tratase. Sin embargo es curioso cómo a veces podemos llegar a tener la sensación de ser más bien un mero espectador que ve la vida (su vida) pasar, sin sentirse protagonista y sin un papel principal que le corresponda. Es como si de repente nos conviertiésemos en meros canales por los que, como bien dice Mário de Sá-Carneiro, fluyen los días y discurre el tiempo.

Aunque no han sido muchos, sí que recuerdo haber pasado por esos momentos de tedio y frustración en los que sentia que las cosas pasaban y que yo no pasaba a la vida. Sentia que un día era la copia exacta del anterior, y que el boceto dibujado para el fin de semana venidero era similar al que le precedia. Conozco ese sentimiento de aburrimiento así como el run-run mental que parece preguntarse que si eso es todo. Puedo intuir esa desilusión en mucha gente joven que todavía no sabe muy bien qué esperar de la vida o lo que la vida espera de ellos. También puedo adivinar ese vacío en la cara de muchas personas que tras jubilarse sienten y creen que ya no tienen más que hacer ni que ofrecer al mundo, y que por tanto solo les queda esperar y resignarse a un ‘hasta que Dios quiera’. Los psicólogos, médicos y trabajadores sociales entre otros, saben muy bien que es un sentimiento que muchas personas sufren desde la depresión y la ansiedad, en busca de respuestas a preguntas que muchas veces no se sabe ni cómo plantear.

Pero como todo en la vida, y como siempre me gusta recalcar en el blog, creo que todo contiene un aprendizaje y un por qué. Padecer estas etapas y sentimientos nos puede servir para que reaccionemos y nos demos cuenta de que la decisión es nuestra: podemos vivir los días como si fueran eternas repeticiones o podemos añadirles nuevas experiencias, aportando vida a cada momento, provocando situaciones y oportunidades, haciendo cosquillas a lo que nos aburre y convirtiéndolo en un terreno de juego y aprendizaje, en algo por lo que estar agradecidos. En definitiva, podemos elegir despertar ante la vida y tomar las riendas de nuestra felicidad. Podemos descubrir nuevas versiones y facetas de nosotros mismos, soprendiéndonos y sorprendiendo a la vida. Podemos aportar más a cada instante entendiendo que la única realidad que existe es el ahora, y que por tanto cada momento es único e irrepetible.

Como siempre, la decisión la tienes tú.

Mira hacia adentro

Quien mira hacia afuera, sueña. Quien mira hacia adentro, despierta. Carl Jung

La cita que presento con esta entrada bien podría resumir el propósito de este blog. Cuando empecé ‘En una cita’ quería crear un espacio donde las prisas, los ruidos y demás distracciones se quedasen fuera para así disponer de un espacio en silencio, donde cada uno se pudiera poner en contacto con lo mejor de sí mismo. La importancia de ese contacto radica en su valor a la hora de conocernos mejor, de mirar hacia dentro. Supone todo un ejercicio de introspección sin juicios ni etiquetas, en el que observamos, aceptamos y cambiamos con el fin último de despertar hacia nuestro verdadero yo.

La cita de Carl Jung ciertamente da en el clavo. Plantea la diferencia entre el ‘afuera’ y el ‘adentro’, y lo que implica desarrollar una opción u otra. Yo equiparo el ‘afuera’ con todas esas distracciones, la falta de tiempo, las reglas y normas que nos dicen que tenemos que seguir sin ni siquiera plantearnos si a nosotros nos van bien o no, y en general todo aquello que nos desvía del camino más importante: el autoconocimiento. Es curioso que en el mundo de posibilidades y libertades en que vivimos hoy en día haya tantas personas perdidas, sin saber qué quieren lograr y cuál es su propósito. Caer en esta espiral puede ser fácil si, como digo, solo se mira para fuera. Sin duda es lo cómodo y lo más seguro: si miro hacia fuera, si la pelota siempre está en el tejado del otro no me tengo que preocupar ni dar explicaciones. Pero lo cierto es que el único camino por el que podemos optar para lograr ser felices y vivir la vida al máximo es el autoconocimiento.

Llegar a conocerse no es algo tan sencillo como decir: ‘estoy en A y quiero ir a B. Punto’. En primer lugar es un ejercicio personal que sólo empezará si la persona quiere conocerse y está dispuesta a aceptar lo que se va a encontrar. En el momento que este ejercicio sea impuesto o neguemos algunos aspectos de lo que de verdad somos, abandonaremos la toalla muy fácilmente. En segundo lugar, requiere olvidarse de las etiquetas y de las casillas en las que nos han ido metiendo a lo largo de los años. No se trata de empezar a analizarse partiendo de la premisa de que ‘yo no valgo para esto’ o ‘los demás dicen que soy esto o lo otro’. En el camino del autoconocimiento no hay que dar nada por sentado, ni al principio ni al final. Nunca. Se trata de observar y de intentar entender aquello que somos y por qué somos como somos. Y en tercer lugar, hay que entender que es un proceso que dura toda la vida. Como decía al inicio de este párrafo, no consiste en ir de A a B sin importar lo demás, sino todo lo contrario: es en el proceso donde está la verdadera riqueza y el verdadero valor personal. Es en ese camino donde está el aprendizaje, ya que poco a poco vamos entendiendo mejor y vamos aplicándolo a nuestro presente, incorporándolo a nuestra vida.

Tomar conciencia de quién somos y despertar ante esa realidad y ante la vida es uno de los mejores regalos que nos podemos hacer a nosotros mismos. Jorge Bucay decía algo así como que ‘la vida no admite representantes’, y por tanto depende de nosotros ser auténticos y genuinos, fieles a nosotros mismos y a nuestros principios y valores. Es una decisión personal e intransferible. Solo tú puedes decidir hacia dónde quieres mirar.

De camino al sol

No confundas tu camino con tu destino. Solo porque haya tormenta ahora no significa que no te dirijas al sol.

Hay citas célebres a las que siempre recurro cuando siento que las fuerzas me abandonan y necesito un empujón. Son palabras que saben dar en la diana y que actúan como un bálsamo o inyección aplicados directamente en la zona que necesita sanar, justo donde más duele. Esta cita, cuyo autor/a desconozco, es uno de esos tratamientos paliativos literarios: no hace que desaparezca el problema pero sí minimiza el malestar generado cuando atravieso una situación difícil o confusa.

‘No confundas tu camino con tu destino’: es una afirmación que arroja luz y claridad porque ayuda a discernir lo que es cada cosa, a separar lo uno de lo otro. Ayuda a que nos centremos y sepamos distinguir lo laberíntico del camino con nuestro destino, aquello a donde queremos llegar.

Las tormentas: La vida está llena de tormentas mentales. Hay muchas, incluso demasiadas, dirían algunos. Son momentos en los que no vemos nada claro, momentos en los que nos replanteamos hasta lo más básico, como si uniéramos todo lo que conforma nuestra vida y nuestras ideas mediante un hilo de duda imaginario el cual todo lo cose. Pero es precisamente durante esas tormentas donde esta cita actúa como una medicina y hace que podamos comprender que por muy duro y difícil que sea el momento, éste también pasará. Lo importante, lo realmente valioso, es no dejar de caminar ni abandonar el camino. Aunque éste sea cuesta arriba o avancemos contra corriente, lo importante es saber hacia dónde nos queremos dirigir, porque el camino no es el destino y eso es lo que debemos recordar. Nadie dijo que el trayecto fuera fácil, pero ten por seguro que una vez llegues, sabrás que ha merecido la pena.